
Ubicados en las laderas de la Quebrada, estos refugios fueron diseñados para integrarse al entorno natural sin alterar el paisaje. Cada unidad habitacional aprovecha la topografía del terreno para generar un patio interno protegido del viento, combinando privacidad, eficiencia térmica y vistas únicas del paisaje andino.
Gruesos muros de piedra y cemento buscan minimizar la exposición a los elementos de la naturaleza y mantienen un ambiente cálido en su interior.
Su forma curva y decreciente está pensada para realizar las vistas y permitir la contemplación del paisaje quebradizo.
En su interior una cocina estufa hace de pivote dentro del refugio y se convierte en el centro del espacio y la experiencia.